Una investigación del ITE constata la
falta de capacidad crítica frente a los medios de comunicación.
En los
últimos años el desarrollo de los medios de comunicación ha sido notable. Tanto
es así que el exceso de información se ha convertido hoy en una variable de
análisis para entender la relación que establecemos con dichos medios. Por
ello, la capacidad de situarse críticamente ante la información recibida cobra
cada vez mayor importancia, así como el conocimiento de todos y cada uno de los
elementos que componen la comunicación mediática.
Uno de
los problemas que surge es la falta de herramientas eficaces de evaluación de
los conocimientos y las habilidades en relación a los medios de comunicación. Una
ausencia que en buena parte viene a compensar el estudio Competencia
mediática. Investigación sobre el grado de competencia de la ciudadanía en
España elaborado por el Instituto de Tecnología Educativa (ITE). El
proceso de investigación se gestó en 2006 y culminó con la realización de más
de seis mil entrevistas en toda España a jóvenes y adultos a partir de dieciséis
años.
Entre
las conclusiones destaca que la relación que se entabla con las tecnologías de
la información y la comunicación no difiere mucho de la que se mantiene con
otras tecnologías clásicas como el cine o la televisión. Así, el usuario tiende
a buscar en las TIC diversión y evasión, por lo que el estudio concluye que
estas tecnologías evolucionan más rápidamente que los hábitos de los ciudadanos.
Además, el principal obstáculo para que el desarrollo individual de estas
tecnologías no se encuentra tanto en las habilidades del usuario como en su
actitud ante ellas.
Otro
de los aspectos importantes es que en la relación con la comunicación mediática
influyen diversos factores, como la edad, el grado de conocimientos previos y
el nivel de estudio. Aunque ninguno de ellos resulta más determinante que “una motivación
poderosa” que lleve al usuario a interesarse por las TIC. El informe recuerda
que “el motor de la motivación es personal, no colectivo”, por lo que el
objetivo de una educación mediática debe pasar por motivar a los alumnos para
que ellos “encuentren una justificación aplicable en el fomento de su
creatividad, el desarrollo de su capacidad crítica y de análisis”.
Espectáculo vs. ética
El informe
también ha detectado una mayor capacidad crítica cuanto más aumenta la edad,
mientras que algunas de las personas más jóvenes que participaron en el estudio
“no adoptan ninguna actitud crítica”, ni siquiera cuando se detecta el uso de
estereotipos o la perpetuación de modelos inapropiados. De este modo “la
necesidad de espectáculo tiende a pesar más que la necesidad ética”, un
universo donde el “me gusta” tiene mucho más peso que la reflexión sobre las
imágenes recibidas.
Por
otra parte, la investigación constata aquello de que una imagen vale más que
mil palabras, pues los participantes dieron mayor credibilidad a la información
acompañada de fotografías que a aquella que no lo estaba. Ello conduce al
riesgo de otorgar la confianza a elementos comunicativos poco rigurosos aunque
atractivos visualmente. La falta de rigor crítico se extiende a otras áreas,
como la elección de las cadenas de televisión o los medios generalistas que se
utilizan para informarse.
No
obstante, los investigadores han detectado que el discurso público de los
usuarios dista mucho de sus hábitos privados. Una mayoría de encuestados expresó
una gran preocupación “por la objetividad de la información mediática”, al
tiempo que se manifestaba conocer la necesidad de situarse críticamente ante
ella. Sin embargo, a pesar de esta adopción de un discurso “socialmente
correcto”, los responsables del estudio manifiestan que existen “razones más
que suficientes” para poner en duda el compromiso con el rigor.
El
estudio concluye con una serie de propuestas de actuación, entre las que
destaca la necesidad de analizar tanto los planes de estudio como la práctica
docente con el fin de “detectar la presencia o ausencia de experiencias
formativas en el desarrollo de la competencia mediática” en los niveles de la
educación obligatoria. Para ello proponen seis dimensiones que componen la educación
mediática: los lenguajes, la tecnología, la ideología y los valores, la
producción y distribución, la interacción y la dimensión estética.