La última edición del documento del
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) advierte sobre las
consecuencias del deterioro medioambiental en los estándares de vida.
Vivimos
en una planeta de siete mil millones de habitantes que sumará otros dos mil millones
en las próximas tres décadas. Parece lógico pensar que, en el futuro, los
recursos serán insuficientes cuando hoy cerca del 15% de la población mundial
pasa hambre. Las cifras, sin embargo, pueden resultar engañosas. En la
actualidad se producen alimentos para unos doce mil millones de personas: es
decir, existen recursos más que suficientes para alimentar a cada uno de los
habitantes de la Tierra.
Esta
es una de las conclusiones que se desprenden del Informe sobre
Desarrollo Humano 2011 que
ha presentado el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en
la ciudad danesa de Copenhague. Los expertos han destacado que la equidad y la
sostenibilidad constituyen dos desafíos máximos que han de tratarse en
conjunto, ya que el medio ambiente tiene un fuerte impacto sobre la calidad de
vida de la población.
Los
avances generalizados en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) son innegables.
Los países que se situaban en el 25% inferior de la clasificación mundial han
avanzado un 82% en la escala del IDH entre 1970 y 2010. El informe subraya que,
si se mantiene este ritmo de avance en las próximas cuatro décadas, la amplia
mayoría de los países tendría en 2050 un nivel de IDH igual o mejor del que hoy
gozan las naciones que se sitúan en el 25% superior de la escala.
Deterioro del medio ambiente
Las
previsiones, sin embargo, no son tan optimistas a causa de la amenaza
medioambiental. Los especialistas creen que la tendencia positiva se
interrumpirá hacia mediados de este siglo ya que los habitantes de las regiones
más pobres se enfrentarán a un riesgo desproporcionado de experimentar
catástrofes vinculadas al clima y a la contaminación del aire y del agua.
Proteger
el medio ambiente y luchar por la equidad son, por tanto, dos frentes que habrán
de atenderse de manera simultánea. Las personas con menos recursos son quienes
más sufren la degradación medioambiental, lo que supone que, de mantenerse el
impacto de las actividades humanas sobre la ecología, los países menos
desarrollados no tardarán en volverse a alejar del resto.
El
informe del PNUD pone en manifiesto la relación entre la desigualdad de
ingresos y género y el deterioro del medio ambiente. Se ha demostrado, por
ejemplo, que la mitad de los casos de desnutrición se produce por factores
medioambientales como la escasez de alimentos debido a la sequía o la
contaminación del agua. Esto produce un círculo vicioso de empobrecimiento y
nuevos daños ecológicos.
Se
trata de problemas complejos pero cuya resolución o atenuación no son imposibles.
El informe propone un impuesto a las transferencias de divisas o a las
transacciones financieras internacionales para crear un fondo contra la pobreza
extrema y el cambio climático. El cálculo indica que una tasa del 0,005% al
comercio internacional de divisas podría reunir más de 40.000 millones de
dólares al año. Esto permitiría, según el PNUD, que quienes más han ganado con
la globalización ayuden a quienes menos beneficio han obtenido de ella.