El Defensor del Menor de la Comunidad de
Madrid ha presentado una guía dirigida a los docentes con pautas específicas
para prevenir el acoso que se produce a través de las nuevas tecnologías.
Las
Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han abierto las puertas a
una nueva forma de comunicarse y de establecer vínculos sociales. Esta
revolución, entre cuyas consecuencias se encuentra la universalización de
internet, modificó el mundo tal y como lo conocíamos hasta hace pocos años, pero
a su vez introdujo algunos efectos no deseados que aprovechan el anonimato que
brinda el entorno virtual para reproducirse.
Los
jóvenes y adolescentes, uno de los principales grupos de usuarios de las TIC,
han trasladado muchas de sus conductas a la red. Así es como el acoso o bullying que de una u otra
manera se registraba en los centros educativos ha mutado en un ciberacoso (ciberbullying) que no reconoce
fronteras o límites y que afecta a las víctimas tanto en la esfera pública como
en el ámbito privado.
Con
la intención de prevenir esta nueva forma de agresión, el Defensor del Menor de
la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, ha elaborado una guía destinada a los
profesores en la que se incluye un protocolo de actuación para poner en marcha
ante la detección de estos casos.
En
la publicación se define al ciberbullying
como el acoso sostenido y repetido en el tiempo que se desarrolla por medio de
tecnologías interactivas. Este tipo de intimidaciones, que incluye entre otros el
envío de correos electrónicos a una persona que no desea recibirlos, la
difamación en redes sociales y la distribución de fotos trucadas, afecta al 5 %
de los niños europeos, de acuerdo a un informe de la CE.
Herramientas de prevención
La
guía elaborada por el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid presenta una
serie de unidades didácticas con actividades para que los docentes desarrollen
en el aula. Los contenidos invitan a reflexionar sobre la privacidad en internet,
los derechos y responsabilidades en el uso cotidiano de las TIC y las
relaciones entre el acoso y el ciberacoso, entre otros asuntos de interés.
El
objetivo es que los jóvenes tomen conciencia del riesgo y cuenten con los
recursos para analizar las situaciones con las que pueden encontrarse en la web
y desarrollen sus propias herramientas para afrontarlas. Canalda destaca la
importancia de que los alumnos mayores actúen como formadores de sus compañeros
más pequeños, ya que los adolescentes son más permeables a las palabras de sus
pares.
La
guía destaca que cualquier miembro de la comunidad educativa que advierta un
caso de ciberbullyng está obligado a actuar, comunicándoselo al tutor o equipo directivo. A partir
de ese momento, se debe poner en marcha un protocolo de actuación basado en la
discreción y en la confidencialidad.
El
protocolo propuesto por Canalda incluye la obtención de información preliminar
(para conocer al detalle la situación y los supuestos implicados), la
valoración del caso (con entrevistas a las víctimas, los acosadores, los compañeros,
las familias y los profesores), la elaboración de un informe (que presentar
ante la Comisión de Convivencia de la escuela) y la puesta en marcha de un plan
de actuación (con acciones destinadas a resolver la situación). Con el plan en
pleno desarrollo, los profesores y las autoridades educativas deben seguir el
estado de la víctima y del agresor y evaluar los avances que se produzcan.