Un informe desarrollado en 523 centros
educativos de Primaria revela que los centros escolares no aprovechan el juego
como una herramienta pedagógica.
Resulta
evidente afirmar que los juegos y los juguetes están entre los principales intereses
de un niño. Entonces, ¿por qué no incorporarlos a la escuela como una
herramienta para la enseñanza? Esa es la pregunta que se realiza el
Observatorio del Juego Infantil, una institución que ha impulsado un estudio en
523 centros de Primaria para analizar cuál es el espacio de lo lúdico dentro
del sistema educativo.
El
informe, titulado “La presencia del juego y el juguete como recurso pedagógico
en los colegios de Educación Primaria”, destaca que solo el 29,6% de las
escuelas ha desarrollado experiencias educativas con juegos. Más del 66% de los
centros, por otra parte, ni siquiera cuenta con espacios específicos para que
los niños jueguen.
Los
expertos sostienen, sin embargo, que las escuelas españolas deberían aprovechar
los componentes lúdicos como herramientas de enseñanza ya que los juegos y los
juguetes seducen a los escolares y hacen que se esfuercen más para aprender.
El
estudio resalta que las niñas prefieren los juegos de movimiento como el
escondite o el pilla-pilla y los deportes aunque, al crecer, dedican el tiempo
a otras actividades, como conversar con las amigas. Los niños, en cambio, optan
por los juegos deportivos hasta finales de la etapa de Primaria.
El valor del patio
Las
nuevas tecnologías, por supuesto, han modificado el paisaje de ocio de los
pequeños. Internet, las videoconsolas y la televisión captan mayoritariamente la
atención, mientras que el 73% de los juguetes que reciben se concentran en
Navidad y Reyes. La sobrecarga de actividades extraescolares y el poco tiempo
que los padres dedican a jugar con sus hijos son otras realidades con las que
han de lidiar las nuevas generaciones.
El
informe detalla que el 82,2% de los centros prohíbe los juegos electrónicos en
clase, mientras el 75,8% también lo hace durante el recreo. Los pedagogos, pese
a esto, afirman que la prohibición no es el camino. Hay que entender que los
niños actuales se divierten de manera diferente a lo que hacían los adultos de
hoy ya que se trata de una generación capaz de hacer muchas cosas de manera
simultánea.
El
estudio del Observatorio del Juego Infantil recuerda que la escuela no solo es
un lugar donde se va a aprender, sino que constituye el espacio por excelencia
donde el niño se encuentra con iguales. Reducir el tiempo y los lugares para el
juego supone la pérdida de múltiples beneficios, como la cooperación, la
competencia emocional y social, la solidaridad y el respeto por las normas.
El
patio, en este contexto, aparece como un recurso de importancia que puede
constituirse como un valioso espacio pedagógico. Se trata del sitio indicado
para recuperar juegos tradicionales que ayudan a transmitir valores como la
convivencia y el respeto. La introducción de juegos en las aulas (como puzles
en Geografía o el dominó en Matemáticas) es otra cuestión que considerar para
poner la diversión al servicio del aprendizaje.