La Fundación Mapfre ha elaborado un
estudio en el que señala la necesidad de una mayor implicación familiar en la educación
vial de los menores.
Parafraseando la célebre frase de San Agustín de Hipona sobre el tiempo, la educación vial parece ser esa materia que todos sabemos qué es pero que se desdibuja a la hora de aplicarla. De otro modo resulta difícil entender cómo es posible que en unas ciudades donde la presencia del vehículo privado monopoliza los espacios públicos, la mayoría de los niños, por ejemplo, no crucen por los pasos de peatones.
Esta es solo una de las conclusiones a las que llegó el estudio de Educación en Valores para la Seguridad Vial (entornos escolar y familiar) elaborado por la Fundación Mapfre sobre la base de cuestionarios enviados a profesores, padres y madres y a los propios alumnos y alumnas de entre cinco y trece años. El trabajo revela que el suspenso en educación vial es generalizado, y no solo cuestiona que no se respeten cuestiones tan básicas como el esperar un semáforo en rojo sino que censura también las prácticas de los adultos dentro y fuera de los vehículos.
En cuanto a las respuestas de los niños, se detecta que el grado de conocimientos y respeto hacia la norma disminuye con el paso de los años. Así, mientras la mayoría de los alumnos de Primaria sabe que en un paso de peatones hay que mirar para ambos lados antes de cruzar, la mayoría de los de Secundaria contesta que únicamente hay que mirar en el sentido en que vienen los coches. En este sentido, el estudio sugiere abordar la educación vial en ESO a partir de una perspectiva interdisciplinar y transversal.
Educación vial, educación familiar
Por su parte, las actitudes del profesorado hacia la educación vial se consideran “positivas”, aunque se incide en la necesidad de reforzar esa tendencia, puesto que se comprueba que cuanto más cercano al tema se presente al profesor, más sencilla será la adquisición de conocimientos por parte de sus alumnos.
El estudio revela asimismo una diferencia entre la percepción de los profesores de las actitudes de sus alumnos y los datos estadísticos sobre las conductas de los menores. Los docentes perciben en sus alumnos “una mejor actitud que nivel de conocimientos en materia de seguridad vial”, mientras que los indicadores muestran que los niños conoce mejor las normas de lo que las cumplen.
Pero donde peores notas se obtiene es en el análisis de la educación vial en el entorno familiar. En primer lugar, la “nota” media que han obtenido los padres y las madres en el cuestionario fue de 6,55 sobre 10, una valoración baja si se tiene en cuenta que cerca del 90 % de los encuestados tiene carné de conducir en vigor. En concreto, tres son los ítems donde se han relevado un mayor número de respuestas incorrectas: el adelantamiento de bicicletas, la actuación correcta ante la señal de ceda el paso y el respeto al límite de velocidad en zonas residenciales.
Por último, el informe de la Fundación Mapfre señala la necesidad de una colaboración más estrecha entre las familias y el centro educativo. Los expertos indican que una mayor participación familiar en actividades relacionadas con la seguridad vial redundaría positivamente en el nivel de conocimientos de los alumnos.